Desde su fundación, la Unión Europea anhelaba el sueño de convertirse en un mercado único que superara las fronteras nacionales. Quería erigirse en los Estados Unidos de Europa, en evidente paralelismo con su referente americano. Pero las campañas de fomento de la internacionalización empresarial realizadas durante décadas para aprovechar aquellas pretendidas ventajas, aún no arrojan los resultados esperados. Según el estudio de la Comisión Europea, La Internacionalización de las Pymes Europeas, sólo un 25 % de éstas comercializan sus productos y servicios dentro del mercado interior europeo. Pero aún más desolador es el dato de que sólo un 16 % de las pymes conocía los programas públicos de fomento del comercio exterior en 2010.

Las pymes siguen pensando en clave nacional, no europea

Las pymes (empresas con menos de 250 empleados) representan el 99,80 % del tejido empresarial europeo, de las cuales el 92,10 % son micropymes (menos de 10 empleados). Pues bien, el empresario medio europeo, es decir, el que dirige una micropyme, aún piensa en clave nacional. ¿Cuáles han sido los motivos de este fracaso?

Desde el punto de vista de la comunicación social, en primer lugar no se ha creado un canal de comunicación común. Las instituciones europeas renunciaron desde sus orígenes a instituir medios de comunicación paneuropeos que no sólo informaran directamente sobre lo que hacía la Unión por sus ciudadanos, sino que además favorecieran la cohesión y el conocimiento mutuo entre los países miembros. Por ejemplo, una televisión pública europea hubiera servido como vehículo para campañas de comunicación de carácter institucional y comercial de alcance europeo.

Al final, la invención y universalización de Internet ha vaciado de sentido esta opción y ha cubierto esta necesidad. Sin proponérselo, la red ha hecho posible que los europeos, y todos los ciudadanos del mundo, tengamos un canal de información compartido. Con Internet ha surgido un nuevo concepto de internacionalización al alcance de las pymes, basado en el comercio electrónico y, cada vez en mayor medida, en el comercio móvil. Sin embargo, también en el comercio electrónico intraeuropeo hay un largo camino por recorrer. Según el Eurobarómetro Especial 398 de la Comisión, del 45 % de los europeos que declaran haber adquirido productos o servicios por Internet en los últimos 12 meses, el 40 % afirma haber comprado a proveedores nacionales, mientras que sólo un 11 % lo hizo a proveedores de otros estados miembros de la UE.

Por otro lado, y a consecuencia de la mencionada ausencia de medios de comunicación comunitarios, existe un gran desconocimiento mutuo entre los ciudadanos de la UE. Nuestro conocimiento medio abarca únicamente a los países vecinos, o a los que gozan de un protagonismo informativo garantizado por su peso económico y político, como Alemania, Francia y el Reino Unido.

Pero en España no sabemos nada de lo que sucede en otros estados miembros como la República Checa, Hungría, Eslovaquia, Croacia o Lituania, por poner algunos ejemplos. Difícilmente se puede adaptar ningún mensaje a una audiencia que no se conoce.

La barrera de la diversidad lingüística

Y un tercer motivo es su diversidad lingüística, es decir, la ausencia de un código común. La Comunidad Europea tiene en su plurilingüismo una enorme riqueza cultural y, a la vez, una barrera para el comercio interior. Las traducciones a los 24 idiomas oficiales de la Unión Europea suponen ya de por sí un alto coste que sólo pueden permitirse las grandes empresas. Incluyendo todas, las oficiales y las no oficiales, en la Unión Europea se hablan 84 lenguas. Ante esta Torre de Babel infranqueable las empresas españolas optaron por invertir en Latinoamérica, donde existían lazos históricos y culturales, además de interesantes oportunidades de negocio.

Una adecuada estrategia de entrada en cualquier mercado exterior debe tener en cuenta la incorporación de socios locales, que no sólo aporten el dominio del idioma sino también el conocimiento profundo del mercado. Para las pymes se trata de ir más allá de la mera traducción de su página web o plataforma de comercio electrónico, y tomar la iniciativa de contratar colaboradores o establecer alianzas con profesionales expertos, que adapten su oferta a sus respectivos mercados y atiendan a sus clientes locales.

Gracias a Internet cualquier pyme europea del sector servicios, por ejemplo, puede promocionar sus ofertas y prestar sus servicios a una comunidad de 500 millones de habitantes con poco más de una decena de empleados o colaboradores. Las posibilidades de agrupar los mercados son muy variadas, pero por ejemplo nombrando a un responsable por cada dos países según su proximidad geográfica o idiomática, ya se abarcaría al conjunto de la Unión.

El Octavo Programa Marco de Investigación y Desarrollo de la UE

Consciente del camino pendiente para la internacionalización de las pymes en el mercado interior de la Unión Europea, la Comisión ha lanzado su octavo programa marco de Investigación y Desarrollo muy enfocado a las pequeñas y medianas empresas, y emprendedores: Horizonte 2020. En él se incluye un apartado denominado Instrumento Pyme, que es un programa de financiación para empresas de dicho tamaño que aspiren a crecer, desarrollarse e internacionalizarse mediante negocios relacionados con la innovación en el ámbito europeo. La Unión Europea se enfrenta así de nuevo a la oportunidad de demostrar que sus políticas se han elaborado teniendo en cuenta las barreras al comercio intraeuropeo para las pymes. El tiempo y los resultados nos confirmarán si la ruta fijada ha sido la correcta.